Los escritos de Frederic Rzewski son una ventana para entender mejor su música, su lenguaje y la relación entre sus ideas políticas y su creación artística. Recientemente, la revista alemana MusikTexte ha editado un volumen bilingüe inglés-alemán con la mayor parte de esos escritos. Aquí proponemos fragmentos de esos escritos y de otros encontrados en la red, y abrimos un espacio para el diálogo en torno a las ideas que propone.

[F. Rzewski: The Song of the Sphinx, 1986]

La música pop, el jazz, el folk y las tradiciones clásicas de las distintas culturas, así como la vanguardia experimental, se disputan los oídos de una nueva generación. En esta caótica mezcla e interacción de valores, es difícil aferrarse a una única estética. Ninguna de las formas de expresión anteriores parece ser manifiestamente superior a las demás: todas ofrecen áreas interesantes por explorar. Es difícil seguir atados a la idea occidental del progreso histórico lineal, con su implícita suposición de la superioridad de occidente.

[F. Rzewski: A lecture with music, 2006]

En el imposible diálogo entre lo racional y lo irracional, la música se escapa de las limitaciones de ambos, y alcanza a veces (al menos en potencia) un momentáneo sentido de realidad, o de verdad.

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La música, probablemente, no puede cambiar el mundo. Pero es una buena idea actuar como si, en cambio, lo pudiera hacer.

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La música no es un lenguaje. Ni tampoco es comunicación. La hacemos por el propio placer de hacerla: porque nos hace sentir bien. La vida es más satisfactoria si haces música que si no la haces.

[F. Rzewski: Little Bangs. Towards a nihilist theory of improvisation, 2000]

La actividad del improvisador se parece a la del mago, que lleva la atención del observador hacia una mano, mientras hace magia con la otra. Lo que el mago hace en el espacio, el improvisador lo hace en el tiempo.

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De alguna manera la improvisación se parece a la vida real en el mundo real, a diferencia de la música escrita, en la que las interrupciones de la vida real han sido suprimidas. En la música improvisada no podemos obviar las cosas no deseadas que pasan, así que tenemos que aceptarlas. Tenemos que encontrar una manera de hacer uso de ellas, y si es posible, hacer que parezca que realmente las queríamos en primer lugar. De alguna manera es cierto, porque si no quisiésemos que estas cosas no deseadas pasasen, no las improvisaríamos, de entrada. Sobre esto versa la improvisación. La relación del improvisador hacia las cosas imprevisibles que pasan cuando improvisa es un poco como los primeros teólogos cristianos con la crucifixión. Ésta era un evento que no debería haber sucedido, pero lo hizo, así que tenía que ser explicado de algún modo. Un acontecimiento absurdo tenía que convertirse en un acontecimiento lógico. Un accidente histórico tenía que ser redimido, transformado en algo que fuese parte de un preconcebido plan divino. De igual manera, un improvisador, cuando ha tocado una nota errónea, sigue con otra nota errónea, y todavía otra más, hasta que finalmente una nota errónea suena y hace que la secuencia completa parezca correcta de nuevo.

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La improvisación se parece a la vida real, a la vida de todos los días, en su provisionalidad y su imprevisibilidad. [...] Y al parecerse a la vida real, puede iluminarla. Nos permite tomar consciencia de que la superficie de racionalidad que encubre la realidad puede ser tan sólo una ilusión. La realidad, que se presenta fluyendo suavemente por sendas que nos son familiares y portándose de forma previsible de acuerdo a patrones conocidos, puede que sea tan sólo una pequeña parte (esa parte que yo elijo percibir) de una realidad más grande, en la que muchas cosas suceden sin causa alguna. ¿Por qué, de hecho, los eventos deben tener una causa? ¿Por qué presuponemos que existe una causa “desconocida”, en lugar de descartar cualquier causa? ¿Por qué el universo debe poderse comprender con mi limitada mente humana? ¿No es ésta una primitiva manera antropomórfica de pensar? [...] La música sabe expandir nuestro conocimiento del lado irracional y oscuro de la realidad. Puede hacernos conscientes, aunque sólo sea vagamente, de la posibilidad de otros universos justo ante nuestras narices, en los cuales nuestro sistema humano de organización no funciona. Estos pequeños universos pueden aparecer y desaparecer en cualquier momento, y presumiblemente en cualquier punto del espacio. El músico que improvisa simplemente les da voz. [...] En algún lugar del universo debe de existir un lugar donde las cosas caen hacia arriba, la gente se hace cada día más joven, los globos se inflan solos, y los perros, cuando mueren, se levantan y andan. El Paraíso es ahora, y sólo puede ser ahora. El enigma que atormentaba Pascal -por qué los humanos se exilian constantemente, ellos solos, de ese Paraíso- no ha sido nunca resuelto. La gente sigue eligiendo vivir en el Infierno del pasado o en el Purgatorio del futuro. Por alguna razón ellos prefieren renunciar o posponer una inmediata gratificación. Por alguna razón eligen vivir en la injusta sociedad existente, donde es posible la mayor discriminación, en lugar que en otra potencialmente igualitaria, en la que la discriminación se disipe. Creo que estas dos cosas están de algún modo interconectadas: la dificultad de vivir en el momento presente está de algún modo relacionada con la dificultad de crear una sociedad igualitaria. [...] La música improvisada tiene algo que ver con ambas cosas. Sin duda tiene que ver con el momento presente, pero también tiene que ver con una forma de vida democrática e igualitaria, al menos en situaciones de grupo. Puede servir como una especie de laboratorio abstracto en el cual elegir formas de comunicación experimentales, sin riesgo de daños para las personas. La gran música improvisada del siglo XX puede ser recordada por las futuras generaciones como un temprano modelo abstracto en el cual, por primera vez, se esbozaron nuevas formas de convivencia social. La improvisación nos dice: “Todo es posible, todo puede ser cambiado. Ahora”

[F. Rzewski: comentarios para su estreno en Nueva York de Long time man, for orchestra with piano. En: http://www.americancomposers.org/release1.htm]

Siempre he sentido sentimientos ambivalentes hacia la orquesta sinfónica, con sus filas de la infantería de cuerda, la caballería de las maderas, y la artillería de los metales. No me gusta la organización social de las orquestas, las condiciones de trabajo opresivas, y la sumisión de un gran número de artistas agraciados a un superior, a una autoridad ni siquiera musical, en muchas ocasiones. Al mismo tiempo la orquesta está ahí, existe, y con el propósito de crear música bella, que es algo que ciertamente puede hacer. Esta pieza es un intento… de expresar la vida de la orquesta con sus contradicciones.

[Entrevista con Daniel Varela, 2003]

Uno de los aspectos más interesantes de escribir la música es que es posible definir una estructura de manera muy, muy precisa y, al mismo tiempo, que ésta sea capaz de suscitar múltiples interpretaciones que pueden ser igualmente interesantes. Esta es la razón por la que Beethoven es un maestro. Beethoven puede ser interpretado de muchas maneras y sabemos que las generaciones futuras seguirán discutiendo sobre cómo tocar la Hammerklavier.

[F. Rzewski: Conversation with Vivian Perlis, 1984]

He pensado mucho sobre el tema [de no tocar obras del pasado profesionalmente], y la gente me pregunta habitualmente por qué no toco más Beethoven y cosas de esas. Finalmente, decidí que realmente me siento más cercano a la tradición clásica haciendo lo que Beethoven y Chopin hacían, que era tocar la música de su propio tiempo. Y todavía sospecho un poco de los pianistas que sólo tocan música del pasado: aunque supongo que hay el espacio para ello, no es algo que me parezca ser la viva continuación de esa tradición.

[F. Rzewski: Complexity. About our job as artists, 1992]

A medida que me hago mayor y más propenso a observar la verdad sobre mí mismo, encuentro que la realidad es menos racional de lo que me enseñaron a creer. Algunas cosas, de vez en cuando, se suceden de una forma previsible, como bolas de billar. Pero mi experiencia me muestra, sobre todo, una impredecible serie de eventos, desprovista de causa o propósito. El sentimiento de perplejidad generado por esta experiencia intenta encontrar expresión en mi música.

2 Respuestas a “Sus escritos”


  1. 1 maria Octubre 14, 2008 a las 9:01 pm

    La idea del momento presente, del aqui y del ahora, el hecho de transformar lo que creemos “errores” en alguna cosa beneficiosa para nosotros y crear de nuevo algo diferente y hermoso con aquello que pensábamos, no nos servía…la idea de justicia social, cuando habla de la organización de las orquestas, la idea de percepción de diversas realidades, el poder de que todo puede ser tranformado aqui y ahora..
    con nuestra propia voluntad….Dios mio!!!! este hombre es un sabio,un iluminado!!!! qué lástima que siempre los sabios eligen el camino del silencio y la humildad…acaban siendo maestros anónimos y mudos de una sabiduría que va más allá de la conciencia ordinaria. Cada vez estoy más segura de que es un gran hombre….GRACIAS!

  2. 2 rzewskienmusikeon Noviembre 2, 2008 a las 9:41 pm

    Sí, María, un sabio que no tiene problema en caminar en paralelo al mundo, pero en uno suyo, completamente suyo… Dando a conocer ese mundo tan particular tal vez podamos contribuir a hacer el del resto de mortales algo más ameno…

    Viva Rz!!!


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